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CHELSEA GRIN + BETRAYING THE MARTYRS + MAKE THEM SUFFER + VOID OF VISION – Sala Bóveda, 14.02.2017 Barcelona (Route Resurrection)

Crónica de Titus Ferrer y  fotografías de Lluís García Sola

Noche intensa como pocas la que nos tenían preparada para el primer Route Resurrection del año. Las puertas de mi (ejem) amada sala Bóveda se abrían para dar paso a los fans del deathcore más rocambolesco del actual momento.

Pese a mis temores por el tema del sonido que suela acompañar a los bolos en dicha sala, la cosa pintaba bien. De buenas a primeras, antes del inicio del primer grupo la sala se encontraba cerca de la mitad de su aforo ya, a falta de aún tres bandas para la salida a escena de los cabezas de cartel. Siempre da gusto encontrarse con públicos así.

Puntuales como un reloj invadieron enfundadas en camisetas blancas de Baseball a juego VOID OF VISION. Y con ellos, la amenaza invisible a los ojos pero aterradora a los oídos. Un sonido crujiente y una desaparición absoluta de la guitarra fueron los protagonistas absolutos de sus minutos iniciales. Por suerte consiguieron solucionarlo rápido y terminaron sonando sorprendentemente bien para como habían salido.

Con ello también fue creciendo la respuesta del público, que no fue in crescendo a lo largo del set, haciendo caso omiso a lo más o menos conocido que fuese el grupo por aquí. Los asistentes cada vez parecían disfrutar más de la propuesta muy en la onda de nuestros queridos STRAY FROM THE PATH (No en balde El mismo Drew York colabora en el el tema que abre su debut), un estilo que desde luego conecta a las mil maravillas con un público con ganas de gresca como el que se reunía allí aquella noche.

Eso si -y esto fue tónica general a lo largo de la noche- vi menos movimiento en el pit (Aún gigantesco a aquella hora) del esperado para un mini festival de deathcore como el que teníamos ahí montado. Tal vez el exceso de karate ahuyentó a más de uno al que seguro que ganas no le faltaban.

Me repito a mi mismo lo curioso que es que, para un servidor, la sorpresa de la noche fuesen los australianos MAKE THEM SUFFER. ¿Por qué? Por qué lo poco que pude ver de su actuación en el pasado Never say die! Tour me dejó completamente frío. Y desde aquí les hago llegar mis disculpas, ya que me encontré con un grupo totalmente distinto al que recordaba. Una actitud sobre el escenario apabullante. Nos agarraron de los pelos desde el minuto cero en el que asaltaron al escenario con la banda sonora de la película original de Godzilla (1954) transformada en hip hop macarra.

La actitud de su vocalista es absolutamente hipnótica. Sus ganas de dar el 100% sobre el escenario son tan transparentes que conectan directamente con el público. Todo pasión, energía… y técnica. Por qué desde luego de ello iba sobrado. Cuando los escuchaba en casa previo al concierto creí que pecaban de la habitual sobreproducción de los grupos actuales del estilo. Pero en directo uno se da cuenta de que esa nitidez no la consiguen a base de filtros. El tío escupe los guturales sin apenas forzar pulmón, lo cual no hace más que sumar espectacularidad al conjunto. Conjunto al cual aportan muchísimo las sutiles melodías de piano que acompañan los breaks más cercanos al djent que al Deathcore a veces. Lástima que su interprete quede tan despegada del conjunto en cuanto actitud. Ya que desde luego si tuviese que buscarle un pero a su actuación sería este.

Me sorprendió gratamente como el público en las primeras filas les conocía más de lo esperado. No se si como yo les vieron hace tres meses y si les prestaron la atención que se merecían o eran un grupo más en su playlist de favoritos, pero hubo letras gritadas y puños en alto. Además, aquellos a los que les pillase de nuevas acabaron absortos en los bailoteos de su guitarrista, que aportó la dosis necesaria de pose (Cuando regulada, yo personalmente la agradezco) al show. Los fotógrafos disfrutarían de lo lindo.

Con tan buen sabor de boca mis ganas de ver a mi grupo favorito de la noche no habían hecho más que aumentar. Era el turno de nuestros archiconocidos BETRAYING THE MARTYRS, a los cuales hemos tenido ya numerosas veces por aquí. Y por ello esperaba una respuesta más entusiasta por parte del público.

Venían a presentarnos su nuevo trabajo “The resilient”, y sin miedo decidieron abrir su set con el tema que abre también el mismo. Tanto el tema como el disco me entusiasman especialmente, o sea que yo estaba dentro desde el momento en que dieron el primer guitarrazo. Pero cuál fue mi sorpresa al llegar al estribillo y darme cuenta de que la voz melódica de Victor era inexistente. O al menos nosotros no podíamos oírla, ya que a él se le veía darlo todo en cada tramo. Eso echó a perder gran parte del atractivo, ya que un alto porcentaje del potencial de la banda, al menos para mí, lo lleva él.

El que si desde luego estuvo al 100% fue Aaron Matts, la cara del grupo. Tanto en presencia como en sonido el tío estaba a tope. Siempre es así. Para bien o para mal, él es el reclamo del grupo. Él lo sabe y nosotros también.  Y por tanto fue él también el encargado de aportar la dosis de fotogenia al set (Pese a que los estallidos de energía de Victor o el gorro de Totoro de Valentin no se quedaron cortos en cuanto a atención).

Estaba claro que estábamos ya hablando de uno de los grupos grandes de la noche, pues tanto la composición de luces como la duración fue considerablemente más generosa que para con los dos anteriores. El set obvió casi del todo su anterior trabajo “Phantom” y optó por dar protagonismo al nuevo trabajo y a su disco debut que hasta ahora ha sido el más aclamado. Y de este último me apetece remarcar que decidieran añadir el pasaje instrumental “Liberate me ex inferis”. Fuimos unos cuantos fans que lo disfrutamos fervientemente.

Al final la cosa quedó en una actuación potente, pero con regusto a pobre. Sobre todo para aquellos que les pudimos ver aplastar los cimientos de la Razz 3 la última vez que pisaron Barcelona. Lo bueno es que podemos estar seguros de que no tardaremos en verles de nuevo por aquí poniéndole remedio a los fallos.

Ahora sí: escenario despejado y público expectante, saltan a escena los héroes de la noche. El factor sonido vuelve a tomar el protagonismo. El volumen de CHELSEA GRIN se redujo a lo que habría sido tranquilamente la mitad durante el resto de la noche. Hablamos de Deathcore, o sea que imaginaros el bajonazo de intensidad. Por suerte esto se solucionó a los dos temas.

De lo que no consiguieron redimirse a lo largo de su extenso set fue de una actitud poco explosiva. No es la primera vez que se comenta de ellos que salen a tocar con el piloto automático puesto, y por desgracia así parece ser. Lo curioso es que cuando más ganas parecían echarle era a la hora de tocar sus temas más antiguos, y por consiguiente más potentes. Me parece como poco extraño teniendo en cuenta que el 75% del set estaba basado en su último trabajo “Self inflicted”. Casi parecía que ese protagonismo fuese más obligado que establecido.

La cancioncita de siempre cuando esta clase de grupos dejan de tocar sus antiguos temas más Destroyer en directo suele ser siempre la misma: ‘Ya no son capaces de ir tan fuerte’, pero creedme que por eso se demostró que era imposible que fuese. A nivel técnico vivimos un concierto de diez. Y es que, sobretodo, la voz de Alex es un portento. Al igual que ocurría con MAKE THEM SUFFER, el tío escupía versos sin apenas forzar la maquinaria. La naturalidad con la que exprime sus cuerdas vocales fue la envidia de los que se dedicasen a eso allí presentes. Y desde luego, quedó claro que se trata del punto fuerte de sus directos.

También fue de agradecer (bajo mi punto de vista, pues imagino que habrá quien opine lo contrario) la presencia de temas algo distintos como “Never, forever”, que bajó de intensidad pero subió el entusiasmo, convirtiendo por unos minutos algo parecido a lo que sería un pequeño concierto de LINKIN PARK en versión metalcore. Tengo especial predilección por este tema.

Al igual que los miembros del grupo, el público también enloquecía más a medida que el set iba retrocediendo en el tiempo y aparecían los temas de “My damnation” o “Desolation of Eden”. Lo cual culminó a la vez que el set, cuando decidieron tocar los únicos dos temas de este último que tocarían aquella noche: “Cheyene Stokes” y “Recreant”, que pondrían punto y final enloqueciendo especialmente a un sector del público que se convirtió por momentos en miembro de THE DILLINGER ESCAPE PLAN. Ya que no podemos tenerles por aquí, al menos pudimos asistir al pequeño homenaje anti-amplificador que se marcaron las primeras filas.

Al final la cosa quedó en una noche de conciertos de buena media. Algunos mejor que otros, pero desde luego ninguno fallido. Y desde luego mucho más variada de lo que uno podía creer al contemplar el cartel, lo cual para un servidor ya convierte la noche en una experiencia mucho más redonda de lo aparente.

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