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[CRÍTICAS] DREAM THEATER (USA) “The astonishing” DOBLE CD 2016 (Roadrunner records)

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Por: Lluís García Sola

Siempre resulta complicado afrontar la crítica de la nueva obra de unos músicos del nivel y del talento de Dream Theater, pero en este caso me encuentro con dos grandes hándicaps que aún hace más difícil si cabe dicha tarea: Hace ya bastantes años que me encuentro alejado de su música, desde que me “peleará” con ellos y su “Falling Into Infinity” prácticamente un par de décadas atrás, y que estamos hablando de un doble trabajo conceptual de más de dos horas de duración. Ahí es nada. A pesar de ello, el año pasado tuve ocasión de verlos en directo por primera vez en el marco del Rock Fest Barcelona, y a pesar de que no me desagradaron, hay que ser justos y reconocer que el entorno de un festival y la hora de su actuación tampoco ayudaron demasiado. Aún así, son demasiadas las luces y sombras que siempre les encuentro, y “The Astonishing” no iba a ser una excepción.

El primer acto, divido en dos partes, arranca con la futurista intro de “Descent of the NOMACS”, para brindarnos el primer tema “Dystopian Overture”. Un pasaje instrumental al más puro estilo progresivo de los neoyorkinos. No será hasta la movida “The Gift of Music” donde aparezca por primera voz la inconfundible voz de James LaBrie, acompañado del apoyo y la fuerza de unos intesos coros, y los inevitables duelos de guitarra y teclado de los virtuosos John Petrucci y Jordan Rudess, respectivamente. La melódica y acústica “The Answer” servirá de enlace al contundente y denso medio tiempo “A Better Life”, en la que la voz cantante la lleva los cortantes riffs surgidos de las mágicas cuerdas de Petrucci, rubricados por la aguda y pegadiza energía del estribillo firmado por LaBrie.

En “Lord Nafaryus” nos acercamos a la oscuridad y a los ritmos teatrales en los que LaBrie juega con su voz encarnando distintos tonos y personalidades que dotan al corte de una variedad admirable.  Algo parecido a lo que sucede en “A Savior in the Square”, esta vez más próxima a la luz. La balada llega de la mano de la preciosa “When Your Time Has Come”, cargada de feeling y belleza, alejándose de los cánones más virtuosos, progresivos y experimentales de la banda. “Act of Faythe” tarda un minuto en arrancar, pero cuando lo hace, no tenemos más remedio que dejarnos abrazar por la suave voz de LaBrie y las pausadas teclas de Rudess, antes de explotar en el increscendo sonoro al que se añaden el resto de los músicos para finalizar esta primera parte con la progresiva y cambiante “Three Days”.

Siguiendo en el primer acto, pero encarando ya su segunda mitad, apenas asoma la cabeza el robótico interludio de “The Hovering Sojourn” antes de la llegada de esa oda al pueblo bajo el nombre de “Brother, Can You Hear Me?”, en el que LaBrie parece incitar a la revolución a través de la fuerza de la música. Volvemos a la senda más progresiva marca de la casa con “A Life Left Behind”, en la que la (enorme) batería deja constancia sonora a base del golpeo de sus múltiples “juguetes” que rodean al virtuoso Mike Mangini. La emotiva intensidad que producen la dupla LaBrie/Rudess vuelve a quedar patente en la gran “Ravenskill” y su poderoso estribillo. Preciosos minutos a ritmo de “Chosen”, y es que parece que DREAM THEATER saben perfectamente como emocionarnos con sus composiciones más melódicas. O por lo menos da la sensación de que en este nuevo disco se han empeñado en ello.

Los minutos más teatrales y tenebrosos vuelven a aparecer con “A Tempting Offer”, algo densa, tras la cual nos permiten relajarnos con un nuevo interludio, “Digital Discord”, en la que los robots que protagonizan la historia del álbum siguen manifestándose. En la línea de grandes cortes llenos de feeling tenemos a “The X Aspect”, nuevamente llevándonos por una senda totalmente increscendo en la que terminan participando todos sus protagonistas. “A New Beginning” posee todos los elementos más progresivos del grupo, con Petrucci dando un nuevo recital solista con su labor a la guitarra, escudado por la base rítmica que le marca el camino a manos del bajo de John Myung y las baquetas de Mangini. La casi operística “The Road to Revolution” anuncia el camino hacia la ansiada revolución y el final del primer acto, con un maravilloso y seco riff de guitarra que rompe por completo el esquema de la composición.

El segundo acto arranca con la instrumental “2285 Entr’acte”, antes de dar paso a la sobresaliente “Moment of Betrayal”, que hará las delicias de los más heavies gracias al trabajo de Petrucci y un enorme estribillo. “Heaven’s Cove” tarda mucho en arrancar, quizás demasiado, y “Begin Again” vuelve a mostrarnos el lado más melódico y melancólico de los americanos. Eso sí, nos vuelven a sorprender con una de las composiciones más elaboradas del álbum, “The Path That Divides”, llena de cambios de ritmo, golpes de timón instrumentales, y LaBrie demostrando todos los registros vocales que es capaz de manejar. Las máquinas siguen dando guerra en la introducción “Machine Chatter” para entrar de lleno en las líneas metaleras progresivas de “The Walking Shadow”, con algunos de los pasajes más duros de toda la obra, siempre conservando el sello que estos músicos les imprimen a todas sus composiciones.

Ya en la parte final del álbum, siguen poniéndonos la piel de gallina con el clímax sonoro que supone la belleza de “My Last Farewell” hasta desencadenar una violenta tormenta en la que el virtuosismo de los músicos da rienda suelta prácticamente al final del corte. Esa sensibilidad sigue presente en “Losing Faythe”, y en la breve pero intensa “Whispers on the Wind”, que vuelven a firmar, esta vez en solitario, esa brillante sociedad que forman la voz de LaBrie y el majestuoso teclado de Rudess. “Hymn of a Thousand Voices” marca un pequeño respiro coreado previo a los compases más eléctricos y típicos de los neyorkinos de “Our New World”, donde Petrucci vuelve a desatarse punteando sobre todos y cada uno de los trastes de su guitarra y rasgueando con el talento, velocidad y alma que sabe imprimir a su instrumento. “Power Down” sirve como aperitivo al cierre de esta nueva obra a cargo de “Astonishing”, despidiéndose de todos nosotros, y cerrando una revolución que parece haber llegado a su fin. Casi como un himno, tras más de 120 minutos de música y 34 cortes, que alternan canciones e interludios para formar una sola historia.

Y así llegamos al final, tras una larga escucha que podría describirse como agotadora debido a su densidad sonora y letrística, pero con un resultado más o menos satisfactorio dependiendo del sentir que nos despierte una banda como DREAM THEATER a estas alturas. “The Astonishing” suena bien, muy bien, de eso no nos queda ninguna duda, y va más allá de nuestras propias filias y fobias hacia el grupo o el género del que un día fueran precursores, junto a nombres como QUEENSRYCHE o FATES WARNING. Pero no nos encontramos ante uno de sus mejores discos, o probablemente no ante uno de los más fáciles de digerir, sobretodo sino estamos acostumbrados, o hemos perdido la costumbre, a su propuesta musical. Un disco conceptual, lleno de buenos momentos, otros que no lo son tanto, y los problemas habituales en este tipo de trabajos tan complejos. Personalmente, me quedo con sus composiciones y pasajes más melódicos, alejados del virtuosismo, la experimentación y el sonido más progresivo. La nota y el resultado final, esta vez si me lo permitís, lo dejo a vuestro criterio. Pero si queréis saber la mía, la tenéis a continuación.

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