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HELLOWEEN (DEU) “Keeper of the seven keys Part I” (Noise Records, 1987)

Fecha de salida: 23.05.1987

Por Lluís García Sola

Escribir la crítica sobre cualquier trabajo de uno de los grupos más míticos de la historia del Heavy Metal siempre es un placer. Un placer, y un marrón, para que nos vamos a engañar. Pero si además, la tienes que hacer sobre una de las obras más importantes que ha dado el género, la cosa aún cobra mayor responsabilidad. Sí amigos, hoy toca el turno de “Keeper of the Seven Keys part 1”, una joya de menos de cuarenta minutos, que unos tal HELLOWEEN publicaron allá por el 1987 y que, a día de hoy, es una obvia y clara influencia para bandas que vinieron después, ahora, y lo harán en un futuro. Uno de esos clásicos inmortales para los que pasa el tiempo, pero en el mejor de los sentidos. Vamos, como el buen vino. Pero pongámonos en situación antes de comenzar.

Tenemos que remontarnos a finales de la década de los 70 cuando unos jovencísimos Kai Hansen y Piet Sielck ( músico, productor y futuro fundador de los no menos míticos IRON SAVIOR) formaron una banda llamada GENTRY. Durante estos primeros años pasaron por varios nombres como SECOND HELL e IRON FIST antes de llegar a ser los HELLOWEEN que hoy conocemos, no sin tener varios cambios de formación antes de grabar su primer Mini-LP y posterior álbum debut, “Walls of Jericho”, en el que mostraban un Speed Metal que llamó poderosamente la atención de crítica y público. Poco después Hansen dejó las voces con la idea de reclutar a un tal Ralph Scheepers (de sobras conocido por GAMMA RAY y sus actuales PRIMAL FEAR, hay que ver las vueltas que da la vida y lo pequeño que es el mundo), que declinó la oferta y que dio pie a que un desconocido Michael Kiske se hiciera con el puesto de vocalista.  Y aquí cambió todo. Llamadle destino o como queráis, pero aquí comenzó a escribirse una de las épocas más doradas del Power Metal, con un cambio de timón y una presencia mucho más melódica al sonido de los germanos. Y lo que tuvo que ser un disco doble, finalmente se lanzó por separado.

“Initiation” nos introduce de forma épica, tras ese primer guiño al “Happy, Happy, Helloween” que siempre ha acompañado a la banda en lo que, sin duda, es el primer cañonazo y toda una declaración de intenciones de lo que está por venir. Los primeros riffs de “I’m Alive” y esas líneas de guitarras dobladas de la insuperable dupla formada por el propio Hansen y Michael Weikath ponían de manifiesto ya en los primeros segundos que no nos encontrábamos ante un álbum cualquiera. La definición perfecta de melodía y caña, una fusión brillante de lo mejor del Heavy Metal y lo mejor del Speed Metal, el nacimiento del Power Metal. Nada más ni nada menos señores y señoras. Unos solos largos, complejos, de distintos y dispares tintes y velocidades, y de una influencia irremediable directamente heredada de la música clásica, no en vano hablamos de una composición de Kai Hansen. ¿Algo más que añadir? Unos agudos imposibles. Bien, imposibles para la mayoría de vocalistas del mundo. Pero aquí tenemos a Mr. Michael Kiske.

Seguimos con “A Little Time”, dejando claro que no todo es velocidad desenfrenada y doble bombos. Ese sostenido “Higher” inicial pone de manifiesto que Kiske se miraba en el espejo de los mejores vocalistas de la época, como podían ser Bruce Dickinson o Rob Halford, auténticas leyendas ya por entonces. Pero la nitidez vocal del joven alemán, ese timbre vocal tan único, cargado de sensibilidad, alma, técnica y naturalidad no era normal. Curiosos los coros que acompañaban al corte, quizás lo más discutible de toda la composición (o grabación, producción y masterización), pero nadie es perfecto y, no nos engañemos, tenían su propio e indiscutible encanto. Un corte hecho por y para Kiske. “Twilight of the Gods” es otra de esas pequeños joyas, donde el power más épico volvía a desfilar de principio a fin, con Hansen, una vez más, dejando claro que es esto del Power Metal. No en vanos estamos hablando, más que probablemente, del padre del estilo. Tal cual. Volvemos a poner la quinta marcha y dejarnos llevar por la poderosa base rítmica marcada por el contundente bajo de Markus Grosskopf y la imparable batería de un genial Ingo Schwichtenberg al que todos echamos mucho de menos. Probablemente no podríamos entender la existencia de grupos como BLIND GUARDIAN y otros tantos sin canciones como ésta. Por cierto, una de las grandes e, injustamente, olvidadas. ¿Serán capaces de recuperar en la inminente gira reunión? Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

Vale, esto es Heavy Metal, en eso estamos todos de acuerdo, ¿No? ¿Y que sería de un buen disco metálico sin su correspondiente balada? Pues imaginamos que eso pensarían los germanos, especialmente Weikath, responsable de la composición de la preciosa “A Tale That Wasn’t Right”. Os diría que es imposible imaginársela cantada por alguien que no sea Kiske, pero os mentiría, puesto que el propio Andi Deris, vocalista actual (y desde hace muchos años) de la formación lo ha interpretado y defendido tan bien como ha podido en repetidas ocasiones. Pero sería muy injusta la comparativa de una y otra vez, porque no tienen absolutamente nada que ver. Eso sí, me parece que la figura de Deris se reivindica demasiado poco y con demasiada frialdad en muchas ocasiones, pero eso ya es otro tema que, hoy, no toca. Y si Kiske pone todo el corazón en la voz, ¿Qué vamos a decir de ese solo de guitarra tan intenso, aunque breve, que es tan capaz de emocionarnos? Si alguna vez habéis estado enamorados, de la forma que sea, entenderéis lo que os quiero decir. Y llegó el turno de “Future World”. Esta vez no os voy a decir gran cosa, porque poco o nada puedo aportar que no se haya dicho o conocido ya. Uno de los mayores clásicos del grupo y de la historia del Heavy Metal. Un himno de apenas cuatro minutos con un estribillo que es imposible no cantar, y con uno de los solos de guitarra más emblemáticos que conozco. ¿No se os esboza una amplia sonrisa cada vez que la escucháis? A mi sí. Lleva toda la vida haciéndolo y dudo que algún día deje de hacerlo.

Esto se va acercando al final, pero no sin antes pasar por “Halloween”, el tema más épico, complejo y ambicioso de la banda alemana, hasta esa fecha. Más de trece minutos de deliciosa locura instrumental y vocal que ha pasado a la historia. La banda sonora perfecta para la noche de Halloween perfecta. Es imposible resaltar a ninguno de los músicos por encima del otro, porque todos y cada uno de ellos está a un nivel de talento e inspiración que hasta entonces no podíamos ni imaginar. La voz de Kiske ya no se posiciona como una de las promesas del Heavy Metal, se confirma como tal. Unos agudos imposibles, unos cambios de registros al alcance de muy pocos y unas melodías al alcance de pocos, muy pocos. Los solos de guitarra son una preciosa y valiosa demostración de la indudable técnica de ambos guitarristas, cada uno en su forma y personalidad, con Hansen y Weikath en uno de esos duelos que quedan registrados para la posteridad. ¿Pero que sería de todo esto sin la base rítmica absolutamente desenfrenada y con capacidad de sorprendernos una y otra vez a lo largo y ancho del corte? Markus e Ingo rubricando una obra maestra. Como el propio tema dice “Magic in the Air…”. Esa una de esas canciones que no se puede explicar, hay que escucharla, vivirla, y experimentarla. Con una parte central absolutamente inesperada, repleta de misticismo y de un aura absolutamente tétrica. Llegados a este punto, ¿era realmente necesaria una despedida como la de “Follow the Sign”? Un servidor no tiene nada que objetar. Un broche final en forma de epilogo que no hace otra cosa que poner la guinda final de un delicioso pastel.

Un disco del calibre de este “Keeper of the Seven Keys Part 1” no podría estar exento, después de tantos años, de varias ediciones, y entre ellas podemos encontrar una pequeña maravilla como es la inclusión del tema “Judas”, casi a traición haciendo honor a su nombre, a mitad del compacto. La última aportación vocal de Kai Hansen a un nombre que hay que escribir en mayúsculas en la historia del Heavy metal, HELLOWEEN. Quizás el enlace perfecto entre este trabajo y su anterior “Walls of Jericho”. Mucho más bruto, netamente heavy y de una fuerza imparable. ¿Mas curiosidades? Por supuesto, dos clásicos del mini lp con el que se presentaron al mundo como “Victim of Fate” y “Starlight” regrabados con la voz de Kiske. Para gustos colores, y la verdad es que cada una tiene su propia esencia, pero si algo podía mejorar estas dos composiciones son una voz como la del señor Michael. ¿Queréis más? Lo hay. Una versión alternativa, y no demasiado distinta, de “A Little Time”, y una desmerecida edición para radio de la extensa “Halloween”, en la que es completamente imposible condensar todos sus ingredientes en apenas cinco minutos. Me he permitido un lujo de ponerle un diez al disco por una sencilla razón: Hoy podría estar cualquiera de estas canciones en un setlist del grupo, treinta años después, y no sobraría ni un solo segundo. Para cerrar este texto, ¿me permitís una pequeña corrección? Antes os he hablado de poner la guinda final de un delicioso pastel. He de confesar que os he mentido. Eso llegará con “Keeper of the Sven Keys Part 2”. Pero eso ya es otra historia, ¿o tal vez no?

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Nota - 10

10

Nota

Llamadle destino o como queráis, pero aquí comenzó a escribirse una de las épocas más doradas del Power Metal, con un cambio de timón y una presencia mucho más melódica al sonido de los germanos. Y lo que tuvo que ser un disco doble, finalmente se lanzó por separado.

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