Clásicos

SLAYER (USA) “Reign in blood” (Def Jam recordings, 1986)

Por Jesús Muñoz Caballero

La dorada década de los 80 sin duda nos dio lo mejor del metal en cualquiera de sus variantes. Durante esos 10 primeros años la explosión de nuevos estilos era constante. Uno de esos géneros surgidos fue el Thrash Metal. Con el paso del tiempo esa forma de crear música se degradó. Por un lado, las vacas sagradas- el hoy denominado big four- decidió andar por otros caminos, mientras que una cantidad absurda de clones sin talento terminaban de asesinar definitivamente al monstruo.

Pero empecemos por el principio. Primero, y más que nada por tener unos buenos contactos y grabar antes, METALLICA acabaron siendo los papás del engendro con su debut del 83 “Kill ´em all”. Tres años más tarde, y con todas las agrupaciones que fueron base en plena forma, apareció el disco que hoy nos atañe. No, no me refiero ni a la banda de James Hetfield ni a su intocable “Master Of Puppets”, sino al conjunto más sanguinario de su generación. Efectivamente, hablo de SLAYER y de su imprescindible “Reign In Blood”. Desde mi punto de vista, este plástico es una de las piedras angulares del metal extremo y uno de los más importantes de la historia.

Después de dos trallazos de la talla de “Show No Mercy” y del aún más oscuro y elaborado “Hell Awaits” los angelinos se metieron en el estudio con un productor de renombre llamado Rick Rubin.
Rubin se podría decir que se tomó tanto a la banda como al estilo en serio, dotando al redondo de un sonido impoluto a la par que asesino.

El conjunto por su parte se dedicó a crear el disco definitivo de Thrash Metal, solo igualado -pero jamás superado- por los L.Ps “Illusions” y “Swallowed in Black” de SADUS, lanzados en 1988 y 1990 respectivamente. Como ya habréis deducido, nos estamos centrando solo en la escena americana, ya que lo que salió en Alemania es harina de otro costal.

Este Long Play vio la luz el 7 de octubre de 1986 vía Def Jam Recordings. Aquí todo impacta, tanto las composiciones como un artwork completamente insano y enfermizo.

El resultado final era realmente descarnado. Durante la escasa media hora de minutaje, el oyente se ve inmerso en un asalto tremendamente veloz y agresivo, jamás visto con anterioridad. La estructuración de los tracks es sólida cual muro de hormigón, ejecutados a una velocidad de vértigo.
Ante tal muralla sónica, los metalhead se quedaron totalmente asombrados, convirtiéndose este lanzamiento en un clásico de manera inmediata.

El line up que grabó esta obra maestra fue el siguiente: Tom Araya (bajo y voz), Dave Lombardo (batería), Jeff Hanneman  (guitarra), Kerry King (guitarra).

La orgía de destrucción se inicia con “Angel Of Death”. Este tema es uno de los más representativos y reconocibles del redondo y del grupo en sí. Como bien es sabido trata sobre el sanguinario Doctor Mengele y sus aberrantes actos. El alarido del comienzo nos hiela la sangre para dar paso a una sucesión de riffs afiladísimos con un parón sobre la mitad, para después reventarnos con un doble ataque de solos y una batería endiablada.  La cosa sigue con “Piece By Piece”. Ésta tonada corta cabezas, siendo trepidante a más no poder.
El exterminio prosigue con “Necrophobic” hiriendo de muerte nuestras almas con un nuevo falsete en su recta final. Este recurso vocal le dota un punto extra de intensidad antes de entrar el solo.

Llegamos al ecuador de la acometida con “Altar of Sacrifice” y “Jesus Saves”. La primera, revienta cráneos desde el segundo cero, gracias a la labor del señor Lombardo y a unas hachas punzantes. Paulatinamente le van rebajando velocidad hasta acabar siendo un mid tempo apocalíptico. La segunda se origina a medio gas, para tener una progresión inversa a la anterior, convirtiéndose en una espiral de violencia desde la mitad en adelante.

La segunda “porción” del álbum arranca con “Criminally Insane” y sus originales parches. Podremos encontrar una nueva versión de esta canción en la versión expandida de este Larga Duración. Después nos llega “Reborn” y “Epidemic”, persistiendo en su insana intención de no dejar títere con cabeza. Con “Postmortem” vuelve a la luz la cara más pesada de la agrupación, para finalmente acabar con el himno “Raining Blood” y sus seis cuerdas malévolas.

Hermanos, la primera vez que le di al play a este ataque tenía quince años. Inmediatamente se convirtió en mi trabajo favorito de todos los tiempos. A día de hoy, con treinta y cinco castañas y algunas canas ya, lo sigue siendo. Si os estáis introduciendo en este mundillo y aún no lo habéis escuchado ¿a qué esperáis? ¡INDISPENSABLE Y NECESARIO!

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