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THY ART IS MURDER (AUS) “Dear desolation” CD 2017 (Nuclear Blast records)

Por Titus Ferrer Bellés

Que THY ART IS MURDER son el equivalente a una tuneladora sónica es a estas alturas tan obvio como el éxito que han conseguido cosechar a lo largo de su todavía “corta” carrera. El cumulo de fans que mueven en su momento actual podría ser considerado masa teniendo en cuenta que estamos hablando de una banda de deathcore relativamente puro. Propuestas tan extremas no suelen unificar tanto a su público ni llegar a tantos oídos. No al menos sin despertar una dualidad de opiniones que en este caso no parece existir. THY ART IS MURDER  consiguen gustar a un público particularmente esquivo, y eso es sin duda un mérito cosechado a partir de puro trabajo. Pues cada uno de sus proyectos acaba convirtiéndose en un trabajo especialmente sólido. Y sólido es un adjetivo que desde luego les luce. Sólido cual bloque de hormigón.

Su anterior “Holy war” les hizo las veces de catapulta hacia su estatus actual. Y pese a que fue un disco que entusiasmó a la mayoría, se trataba de su trabajo más controvertido. Primero por su acercamiento al death metal, alejándose algo más del puro deathcore que tanto buscan los fans, lo cual aportó al proyecto un punto de distinción que, para la mayoría, y me incluyo, funcionaba a las mil maravillas.

Sin embargo, lo que más ampollas levantó fue la producción con la que Will Putney decidió trabajar el disco. Aportó una limpieza y claridad que, por contradictorio que suene, restaba potencia al trabajo. Y por supuesto fueron muchos los que adjudicaron esto la búsqueda de la comercialidad. Comercialidad que en este nuevo “Dear Desolation” demuestran que no les hace falta ninguna. Y es que este es un disco que va a entusiasmar a sus fans, ya que en términos de brutalidad vuelven a coronarse a si mismos. El disco es crudo y directo como él solo. Acto absolutamente consensuado, pues vuelve a estar Putney tras la mesa.

Desde la intro del primer tema “The son of misery” a modo de riff ultra quemado uno ya se da cuenta de que las tornas han cambiado. Casi parece que no hay edición. Y cuando el tema entra con toda la potencia de la que el grupo dispone, uno se da cuenta de cómo de importantes son esos aspectos. Las guitarras parecen estar tocadas con serruchos oxidados, y pese a lo bien que suena todo, la sensación de tremendismo se eleva a la máxima potencia. “Dear desolation” es territorio de varios monarcas, pero sin duda Putney es uno de ellos.

Llamadme loco, pero uno de los puntos que más me entusiasman de “Dear desolation” son sus melodías. Sus guitarras que aportan ambiente a las ráfagas de fuego y metralla (La batería suena más ametralladora que nunca, y lo que hace Lee Stanton en esta ocasión es especialmente loable. Una bestia) que componen el centro de los temas. Pero por ejemplo temas como la magnífica “Death dealers”, una de mis personales favoritas, o el estremecedor tramo final de “The final curtain”, no tendrían sentido sin ese halo melódico que le aporta un trasfondo directamente terrorífico. Piel de gallina. Una sensación casi incomoda que aporta un poder distinto a un tema puramente tan Destroyer. Combinar esto no es fácil, pero si se hace bien el resultado puede dar grandes alegrías, como es el caso.

Por supuesto no nos alegramos tanto de la vuelta de CJ McMahon al grupo en balde. No es solo su actitud, si no ese rasgado único que nos abrasa y lija las orejas, que aporta la personalidad al grupo que necesita. El final la suma de todos estos factores consiguen lo más difícil en un grupo de estas características, y es contar con un carácter distintivo que los haga únicos.

Al final este acaba siendo un disco más denso de lo aparente. De piezas minuciosamente encajadas y mucha dedicación. Saber escuchar a tu entorno es algo muy loable hoy en día, pero desde luego nadie puede decir que los australianos no lo hayan hecho. Y el resultado es un disco de aplauso. Un trabajo que hace buen balance de todas sus etapas. Alejado del histerismo de “The adversary”, pero recogiendo el testigo de su tratamiento. La contundencia de “Hate” y “Holy war”, pero de estructuras más densas, y a su vez mas diferenciadas. Este disco pone todo su empeño en convertir al grupo en un conjunto capaz de aterrar a aquellos que los tengan delante al tocar. Una película de terror auditiva. Con muchísima casquería de diseño.

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Nota - 8

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De piezas minuciosamente encajadas y mucha dedicación. Saber escuchar a tu entorno es algo muy loable hoy en día, pero desde luego nadie puede decir que los australianos no lo hayan hecho. Y el resultado es un disco de aplauso. Un trabajo que hace buen balance de todas sus etapas.

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