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TRIPTYKON (SWI) “Melana Chasmata” CD 2014 (Century Media Records)

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Autor: Xavier Bergada Marquina

Difícil labor se nos presenta con el segundo álbum de TRIPTYKON, una banda cuya cabeza pensante Thomas Gabriel Fischer no necesita presentación alguna dentro del negocio musical. A estas alturas,  no sé si aplicarles el cuento del rey midas, pero es que son bandas como TRIPTYKON las que dejan claro que en la música todavía se pueden hacer cosas originales y con personalidad. Una personalidad meticulosa e inimitable que desde hace ya un buen lustro ha pasado a formar parte de las vitrinas y de cada una de las páginas más selectas del mundo musical por méritos propios, obviamente, el titular sería HELLHAMMER/CELTIC FROST.

Aún con la resaca del primer álbum de TRIPTYKON “Eparistera Daimones” de hace cuatro años, (y digo resaca porque su efecto fue lento y laborioso hasta proporcionar su inyección letal) la valentía, la personalidad y la genialidad aventajada del mencionado álbum/músico hacían presagiar a priori, una gesta increíble a la hora de superarlo musicalmente hablando.

Pues bien, partiendo de esa base, “Melana Chasmata” creo que se queda atrás, no muy rezagado pero sí un escalón por debajo, aunque como ya es sabido que sus digestiones son largas y placenteras, habrá que sacar la balanza del tiempo y ver por donde se inclina cuando sus ingredientes hayan sido expulsados en nuestro particular trono.

Las primeras escuchas del disco, lo hacen algo más directo, añadiendo cada una de las partes únicas que malviven en las neuronas de Tom y adaptándolas con una facilidad que no entiende de tendencias, ¿Menuda palabra verdad?, una palabra nula e omnipresente en su particular mundo compositivo. Es por ello que la música de TRIPTYKON se hace incluso difícil de catalogar, aunque si bien es cierto que sus parámetros son los de siempre, parece que todos los caminos llevan hacia TRIPTYKON y a un escaparate comparativo tan vacio, que me da que su única influencia son ellos mismos, es decir, Thomas Gabriel Fischer.

Musicalmente, incluso sacarle una base estilística que obviamente la hay, es tarea de burros, pues el punto de partida, al igual que sucediera con  su anterior e inigualable debut “Eparistera Daimones” bien podría tener sus nombres y apellidos: CELTIC FROST y su álbum “Monotheist”, punto de partida minimizado y que sirva simplemente para ponerle  al lector un punto de partida en donde a raíz de él, las bifurcaciones son el camino a seguir.

Desde la inicial “Tree Of Suffocating Souls” queda patente que TRIPTYKON siguen instalados en su particular burbuja compositiva, una burbuja que sigue regenerándose con nuevos aires, los cuáles, nunca sabes cuándo te van a estallar. Este segundo álbum sigue las pautas de siempre, aunque no hay tanta velocidad de por medio, se me hace incluso algo más ambiental en contenidos y quizás con demasiadas partes que aportan simplemente eso, pasajes de música algo repetitivos. Por lo demás, y me remito de nuevo a la que abre el disco u otras como la sensacional “Breathing” es TRIPTYKON en su máximo oleaje, y ambas sumadas a la dinámica de su álbum debut son sinónimo de canciones de elaboración simple que expresan muchísimo gracias a su gran tonelaje de capas y capas a cuál más pesada y asfixiante junto con matices y detalles que habrá de hacérselos suyos uno mismo.

“Boleskine House” es otra muestra de la capacidad creativa e incluso hechizante que transmite la fórmula más liberal de este álbum, la atmosfera del tema, aún siendo uno de los más diferentes del disco le da una unión al disco meticulosamente anticipada y trabajada a raíz de sus grandes contrastes. En él, las voces femeninas también tienen su espacio, algo que repiten en la final “Waiting” y que para nada desentona la línea del disco.  El único calificativo puro que describiría con algo de acierto y cordura el presente álbum sería oscuridad. Muchísima oscuridad vomitada en cada uno de sus poros aunque con una mezcla cuyo porcentaje pierde algo de pegada a raíz de temas más pausados en metrónomo e incluso con demasiados minutos en los que básicamente no pasa nada destacable.

La sensación final, es que TRIPTYKON siguen siendo fieles a ellos mismos, con un segundo disco que si bien ni por asomo tiene la pegada de su primer álbum, añade más matices e incluso va un paso más allá   (“Aurorae” podría servir de ejemplo”) de su particular burbuja compositiva. Un álbum al que no nos engañemos, le faltan los ingredientes más consistentes de la fórmula que ellos mismos crearon y que los suple con otros algo menos efectivos que dicho sea, bajan las revoluciones del disco en un porcentaje demasiado amplio.

Aún con lo descrito,  “Melana Chasmata” no decepciona, y a más escuchas, más me da la sensación que estamos delante de un disco de esos que podríamos bautizar de traicioneros, un álbum  al que hay que darle su tiempo y el cual hay que descuartizarlo sin prisa y con su respectivo guante blanco. Y no solo por la genialidad compositiva que esconde la mayoría de las canciones sino por aportarle más extras a una fórmula única que al igual que las grandes multinacionales de turno sigue guardada bajo llave en el rincón más profundo del cerebro de Tom G. Warrior.

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