
CANCERBERO es el perro que guarda la puerta que conecta el mundo de los vivos con el territorio de los muertos, de Hades y Perséfone. Este fue el nombre escogido por este cuarteto chileno allá por el ya lejano 1987, y que, llegados a 2025, nos presentan su tercer larga duración. No es mucho bagaje para una trayectoria tan larga, pero ya sabemos que en muchos casos es mejor poco y bueno que mucho y malo. En este caso, la banda asienta su poderío en un Death Metal en estado puro, con la esencia de los nombres primigenios, acercando su propuesta musical a bandas como SADISTIC INTENT, MANTAS, POSSESSED, los antiguos MORBID ANGEL, MORTEM…
Lo primero que llama la atención es que el sonido se aleja de las grabaciones actuales, con guitarras muy poderosas y sonidos contundentes y cristalinos. Esta grabación, aun habiéndose realizado hace meses, parece salida de un túnel del tiempo y transporta al oyente varias décadas atrás. En ella, las guitarras suenan potentes pero muy nítidas, y la batería o el bajo, muy orgánicos, así como las voces, que apenas cuentan con un poco de reverb o eco, y listo, alejándose de la potencia y las similitudes sonoras de las grabaciones actuales modernas. Destaca la voz, oscura y ahogada, pero alejada de buscar esos tonos ultraguturales o monstruosos del Death Metal actual, y el no parar de intensidad que transmite la banda en todo momento.
Ocho son los temas que “Sempiternal Decay” nos ofrece: una corta intro inicial y siete temas propiamente compuestos. Comenzando con la introducción, “The Arrival” da paso al directo y veloz “Primal Deities”, donde la banda pone toda la carne en el asador para que el oyente no cese en el movimiento cervical a base de buenos riffs y potentes cambios. “Infernal Fire” es el siguiente tema; la velocidad no cesa, pero está más acompañada de cambios de ritmo bastante alocados y el buen hacer de la banda es palpable en todo momento. Nos encontramos con unos solos de guitarra más que convincentes y diversas atmósferas, que incluso se acercan al antiguo Thrash Metal más rudo, virulento y agresivo. Seguimos con “Obscure Rites”, un tema que a mí, personalmente, me ha traído a la mente a los antiguos maestros MANTAS / DEATH; un ritmo más pausado, más contundente y rítmico, para finalizar con una buena sección más cercana a los MORBID ANGEL, con cambios de ritmo que modifican velocidades sin compasión para el oyente. “Bollocide (Deathrashing Chaos)” es el siguiente tema que suena, una composición instrumental más cercana a los antiguos MORBID ANGEL o POSSESSED, con una ambientación más oscura, mórbida y llena de buenos riffs, y varios pasajes de nuevo algo más Thrash, que sin duda encajan perfectamente con el estilo de CANCERBERO. Entramos en el final del álbum: “Burial” es el siguiente tema, comenzando desde un riff más lento y cadencioso, la potencia de la base rítmica entra como una tormenta para ir, poco a poco, ganando en intensidad. Los riffs son muy potentes y llenos de una melodía oscura que destroza tímpanos, creciendo en sonoridad para acabar el tema de forma destructiva y devastadora. “Serpent´s Domain” es el siguiente corte, donde de nuevo las influencias de MORBID ANGEL son notables y evidentes, siendo un tema bastante oscuro y poderoso, con muchos cambios de ritmo y riffs enrevesados y potentes. Finaliza la grabación el potente y oscuro “Burning Angels” otro buen trallazo de puro Death Metal de la vieja escuela.
“Sempiternal Decay” es un álbum que nos transporta a los primeros momentos del Death Metal, donde no se rechazan las influencias del Thrash más agresivo y potente, sino que se mezclan para crear un cóctel realmente interesante, de la mano de unos músicos experimentados que llevan muchos años en esto y saben exactamente cómo componer y ejecutar un estilo que dominan a la perfección. Solo queda esperar que no tengamos que esperar de nuevo casi siete años para escuchar un nuevo larga duración de CANCERBERO.
Valoración
Puntuación - 8
8
Nota
CANCERBERO firman con “Sempiternal Decay” un asalto de puro Death Metal de la vieja escuela, con influencias de Thrash agresivo y sonido orgánico que nos transporta a las raíces del género. Brutalidad chilena ejecutada con maestría.






