
En esta entrevista realizada por David Déniz y contestada por Daniel Damioli, MARY WAS A MACHINE abren por completo las puertas de su universo emocional y conceptual. La banda italiana profundiza en el origen de su nombre, la dualidad entre humanidad y máquina, y el peso que tienen el trauma, la resiliencia y la reconstrucción personal en su música. También repasan su evolución desde los primeros singles hasta “Damnatio Memoriae”, su identidad visual cargada de simbolismo, su ética DIY y la narrativa distópica que conecta sus lanzamientos como capítulos de una misma historia. Una conversación intensa y honesta con una banda que entiende el metalcore como un espacio de catarsis, vulnerabilidad y fuerza.
Para quienes estén descubriendo MARY WAS A MACHINE por primera vez, ¿podríais presentar la banda y explicar el concepto detrás del nombre? ¿Quién es “Mary” y qué representa en vuestro universo artístico?
Somos una banda de metal alternativo de Brescia (norte de Italia), mezclando el impacto directo del metalcore, la urgencia del post-hardcore y texturas shoegaze en un sonido crudo, pesado y profundamente emocional. Nuestro nombre es un oxímoron: por un lado está Mary, símbolo de pureza, humanidad y sacralidad; y por el otro está la Máquina, que representa artificialidad, control y entumecimiento emocional. En nuestro universo artístico, Mary no es solo una metáfora: es un personaje real, con su propia historia y evolución, y encarna la lucha entre sentir y suprimir.
Vuestra música suele tratar temas como trauma, colapso emocional y renacimiento. ¿Qué experiencias personales o colectivas dieron forma al núcleo emocional de MARY WAS A MACHINE?
Los temas de nuestra música y letras están fuertemente influenciados por experiencias personales de supervivencia, resiliencia y venganza contra el dolor. Escribimos sobre superar traumas como perder el amor, amistades, enfrentarse a la muerte, así como sobrevivir al acoso, la presión social y las expectativas impuestas. Estas experiencias se convirtieron en la base emocional de nuestro mundo, nuestra narrativa e incluso nuestra identidad visual.
Desde vuestros primeros singles hasta vuestro material más reciente, hay una clara evolución en producción, composición e identidad visual. ¿Cómo describiríais el crecimiento de la banda desde vuestra formación?
Nuestros primeros singles, “The End” y “Lost & Golden”, fueron una forma de probar el terreno y entender qué queríamos comunicar realmente. La respuesta de nuestro público, dentro de la escena underground en la que vivimos, fue genial, así que decidimos construir sobre los elementos más fuertes de esos temas y evolucionar desde ahí. Nuestro crecimiento ocurrió de forma natural: cada miembro aportó con una mentalidad muy cooperativa. Con “Damnatio Memoriae” alcanzamos una visión colectiva más madura y unificada, más fuerte en composición, producción e identidad.
Vuestro sonido mezcla metalcore moderno con post-hardcore, texturas electrónicas y atmósferas cinematográficas. ¿Qué influencias —musicales o no— han sido más importantes para definir vuestra identidad?
Desde el principio nuestro objetivo fue simple: ponerlo todo en la música con el corazón abierto, para que los oyentes se sientan comprendidos, como diciendo “Hey, no estás solo”. Bandas que nos influyeron profundamente incluyen Architects, Holding Absence, Thirty Seconds To Mars y la ola emo/alternative de principios de los 2000. Crudo, emocional y sin disculpas. La voz de Hakem nos permitió transmitir plenamente la intensidad que buscábamos, y tener tres guitarras se convirtió en un elemento definitorio: no solo una elección estilística, sino una verdadera fortaleza que abrió nuevas posibilidades en nuestra escritura.
Muchas de vuestras canciones giran en torno a la idea de “romperse para reconstruirse”. ¿MARY WAS A MACHINE es una vía catártica, un proyecto narrativo, o ambas cosas?
Es ambas cosas. MARY WAS A MACHINE es un proyecto que cuenta una historia por capítulos, pero nunca queremos ser demasiado literales o directos. La imaginería y la atmósfera son coherentes y están conectadas, pero cada canción debe funcionar por sí misma para que cada oyente pueda interpretarla personalmente, más allá del hilo conceptual.
Vuestros elementos visuales —vídeos, arte, fotografía— tienen una fuerte carga emocional y simbólica. ¿Qué importancia tiene la dimensión visual para comunicar vuestro mensaje?
Los visuales siempre han sido esenciales para nosotros. Exploramos constantemente el contraste entre Mary y la Máquina: música pesada acompañada de pinturas, naturaleza, belleza y simbolismo. A menudo añadimos texturas nostálgicas como grano, ruido o tonos cálidos porque queremos que nuestros visuales se sientan como consuelo, como el calor de un abrazo. La imaginería también nos ayuda a contar la historia y conectar con los fans a un nivel más profundo, creando cercanía, empatía y comprensión.
Vuestras letras a menudo parecen monólogos internos, casi como páginas arrancadas de un diario. ¿Cómo es vuestro proceso de escritura al tratar temas tan personales?
Escribir sobre experiencias personales debería ser difícil, pero para nosotros se siente natural… casi inevitable. La música es el lugar donde lo soltamos todo: es cómo enfrentamos y matamos a nuestros demonios. Por eso nuestras letras se sienten tan íntimas y sin filtros: somos literalmente nosotros, bolígrafo en mano, poniendo la verdad en papel. Luego traducimos esas emociones a nuestros personajes, especialmente Mary y su amante. Muchas letras se convierten en cartas, llamadas telefónicas o pensamientos internos entre ellos. Y esto es solo el comienzo: vamos a explorar aún más nuestra psique y nuestro universo.
La escena metalcore italiana ha crecido mucho en los últimos años. ¿Cómo veis vuestro lugar dentro de ella y qué creéis que distingue a MARY WAS A MACHINE de otras bandas del género?
La escena heavy italiana es enorme ahora mismo, y es inspirador ver a tantas bandas esforzándose y alcanzando grandes metas. Es un entorno de apoyo, hay un verdadero sentido de comunidad. Nuestro sonido ocupa un espacio que a veces se pasa por alto, porque las escenas modernas suelen inclinarse hacia estilos más extremos como el hardcore o el deathcore. Pero nosotros estamos aquí para traer de vuelta ese espíritu emocional del metalcore, impulsado por una voz única y tres guitarras entrelazadas (sí, estamos muy orgullosos de eso ahah!).
Vuestra música toca con frecuencia temas de salud mental, ansiedad, autodestrucción y recuperación. ¿Sentís una responsabilidad al abordar estos temas, sabiendo que muchos oyentes pueden identificarse profundamente con ellos?
Absolutamente. Sentimos una fuerte responsabilidad cuando tratamos estos temas porque sabemos lo profundamente que la gente puede identificarse. Incluso cuando exploramos temas oscuros, siempre intentamos dejar un mensaje de esperanza: la fuerza para encontrar una luz al final del túnel. Queremos que nuestros oyentes se sientan comprendidos y apoyados, como si estuviéramos ahí con ellos, cerca de sus corazones y sus luchas.
Vuestros directos parecen tener una intensidad emocional muy fuerte. ¿Cómo traducís la vulnerabilidad de vuestras letras a la energía del escenario?
En el escenario transformamos la vulnerabilidad en pura intensidad. Las letras pueden venir de lugares frágiles, pero en directo se convierten en una liberación compartida, algo colectivo. No actuamos detrás de una máscara: llevamos el dolor, la rabia y la esperanza tal cual son, y el público se convierte en parte de esa catarsis. Cada concierto se siente como convertir cicatrices personales en energía, y demostrar, juntos, que podemos sobrevivir a cualquier cosa.
Vuestras elecciones de producción —voces en capas, pausas atmosféricas, elementos electrónicos— añaden una dimensión cinematográfica a vuestro sonido. ¿Qué tan intencional es este enfoque y cómo equilibráis la pesadez con la ambientación?
Es 100% intencional. Todo vuelve a la dualidad: pesadez y suavidad, violencia y belleza, carne y máquina. Nos encanta crear momentos donde el oyente pueda respirar con pausas etéreas, voces en capas y texturas electrónicas porque esas secciones te sumergen más en el mundo emocional de la canción. Luego, cuando vuelve la pesadez, golpea más fuerte. Ese equilibrio es nuestra forma de guiar al oyente a través de un viaje cinematográfico: inmersión, colapso, catarsis, renacimiento.
Algunos de vuestros posts insinúan una continuidad conceptual entre lanzamientos, casi como capítulos de una historia mayor. ¿Existe una narrativa general que conecte vuestras canciones?
Sí, hay una narrativa general que conecta nuestros lanzamientos. Estamos construyendo un universo distópico inspirado en historias como “1984” y “The Handmaid’s Tale”. En esta sociedad (ambientada cerca del final de nuestro siglo) existe un “dios” y un sistema que reprime las emociones y castiga a quienes se rebelan. Los que resisten son llevados y obligados a usar un uniforme que recuerda al hábito de una monja: un símbolo de conformidad y control. En nuestro último álbum, Mary cuenta la historia de su viaje espiritual y su huida, sobreviviendo a su condición y descubriendo la verdad detrás de ella. Y si quieres saber qué pasa después… lo descubrirás pronto.
Vuestra ética DIY es evidente en vuestra comunicación, visuales y autogestión. ¿Qué desafíos y ventajas conlleva construir una banda de esta manera en 2025?
Ser DIY nos permite mantenernos reales. Gestionamos nuestra comunicación, visuales y dirección nosotros mismos, y eso mantiene la conexión con nuestro público auténtica y directa. La mayor ventaja es la libertad: podemos construir nuestra identidad sin compromisos, y cada decisión se siente verdaderamente nuestra. Por supuesto, también trae desafíos como tiempo, dinero, presión y el hecho de que estás haciendo diez trabajos a la vez. Pero creemos que esa lucha es parte del camino y hace que cada paso adelante sea aún más significativo.
¿Qué nos podéis contar sobre vuestro próximo material? ¿Estáis explorando nuevos territorios sonoros o refinando la dirección emocional y atmosférica que ya habéis establecido?
Actualmente estamos escribiendo nuevo material, y esta vez volvemos a la experimentación. Estamos explorando influencias como rock progresivo, hardcore y música electrónica, tocando también texturas modernas de pop y R&B. No se trata de cambiar quiénes somos, sino de evolucionar la atmósfera y ampliar la paleta. La fórmula seguirá siendo la misma: emocional, pesada y cinematográfica, solo que llevada a nuevos territorios. Y aquí va un pequeño spoiler: será mucho más oscuro.
Si tuvierais que describir el viaje emocional de MARY WAS A MACHINE en una sola frase, ¿cuál sería?
“MARY WAS A MACHINE es el sonido de romperse, enfrentarte a tu yo más oscuro y reconstruirte en algo más fuerte sin perder tu humanidad”. Suena bien, ¿no?
Para terminar, ¿hay algo que queráis decir a vuestros fans y a los lectores de Necromance Magazine?
Por supuesto. Gracias por el apoyo. No os perdáis “Damnatio Memoriae” y seguidnos de cerca si queréis descubrir los próximos capítulos de esta historia. Estamos construyendo algo más grande que simples canciones, y prometemos que lo que viene os sorprenderá. A todos los que leen Necromance Magazine y a todos nuestros fans: gracias por ser parte de este viaje. No estáis solos.
