
Hubo un tiempo, oh, niños y niñas, cuando era un gilipollas adolescente, en el que te ves inmerso en el descubrimiento del Metal en todas sus formas y variedades y te creías guay cuanto más derivases hacia los sonidos y tendencias más extremas. Sí, así era: yo también fui un cazurro musical y si tenía teclados, no era Metal. Salvo por lo de los zahones de cuero y nalgas al aire, yo también fui un poquito MANOWAR. Ya sabéis de lo que hablo. ¡Colorea y aprende con Teo!
También es cierto que siempre hubo en mí un pensamiento divergente y una curiosidad innata por saber más y de dónde salen ciertas cosas. En ese aspecto soy bastante radical. Radical en su vertiente etimológica: relativo a la raíz. Hasta que no llego hasta los orígenes más remotos de lo que en un determinado momento escucho, no paro. Y puedo seguir la pista desde, por ejemplo, LORNA SHORE (de mis bandas favoritas del DeathCore actual) hasta ROBERT JOHNSON, el Rey del Delta Blues. Y en esa eterna búsqueda hacia atrás en el tiempo y en los estilos, uno acaba llegando a lugares y músicas extrañas y ajenas al grupo que dio inicio a la búsqueda. Y oye, me encantan THE DRESDEN DOLLS, TOM WAITS, NEW ORDER, N.W.A. o ENYA. Y no por ello uno deja de ser más Heavy que una lluvia de hachas. ¡Bendita conciencia de la madurez musical! Porque lo de gilipollas… Lo llevamos insertado en nuestro ADN, así que con los años, uno se hace simplemente gilipollas Premium.
Y una cierta influencia de la compositora irlandesa sí encuentro en el trabajo de CÉCILE DELPOÏO. Se podrían buscar los grados de semejanza, el influjo que une a las dos artistas, pero hemos venido a escuchar “Tuolla”. “Aodrëna”, el primer tema que abre el disco, es el nombre de la protagonista de la historia que nos cuenta Cécile. Y aquí empieza el viaje y la influencia de ENYA: multiples capas de voz, melodías con clara inspiración folk, un montón de instrumentos “no metal”… ¿Es eso que escucho un clavecín? Todo es vaporoso, etéreo, un encuentro de hadas en lo profundo de los bosques franceses. “Highest dreams” estremece por el dominio vocal de la cantante y el acompañamiento de cuerdas. No le hace falta una letra, simplemente es ella subiendo y bajando notas con su feérica voz. El tema se eleva en una orquestación magistral para darnos paso a “Au sommet de la Tour”: pajarillos que cantan, sintetizadores, todo se vuelve luminoso, ligero como una gasa enfrente de nuestros ojos. Es la mano que toca el corazón y lo mece. Cécile canta como los ángeles, sin estridencias, pero con un absoluto control de sus cuerdas vocales. Todo lo que escucho rezuma un cariño, una dedicación especial, rayana a la obsesión, y es perfecto en su aparente simpleza.
“Above the sky” como una nana, nos arrulla y nos dirige hasta “Erimaïlma”, donde volvemos a ese cónclave de hadas en lo profundo de las forestas galas. La voz de CÉCILE DELPOÏO se vuelve más solemne e incluso llega a rozar, en ocasiones, una tonalidad más ominosa como la de Maria Franz de HEILUNG. Pero es sólo un pasaje momentáneo. Y si es cierto que el tema tiene una serie de subidas y evoluciones que lo hacen transformarse en la banda sonora de una escena de cualquier gran novela de fantasía épica. “U-turn (Through the Forest’s Laments)” sigue contándonos una historia sin palabras, sólo con atmósfera y emoción y es que estamos dando un giro a través del este bosque que nos rodea. Y en nuestro camino por la fantástica tierra de “Tuolla” llegamos a “The Castle”… ¿Acaso, escuchando este tema, no lo veis en vuestra cabeza? ¿No veis las majestuosas torres que se alzan orgullosas, argénteas, en el claro del bosque? ¿No veis los pendones ondeando al viento y, que me aspen, no oís incluso una guitarra eléctrica redondeando este tema? El perfecto equilibrio entre lo que parece ser una partitura medieval y la realidad del siglo XXI de esta artista francesa. “The Ungrateful Daughter” es melancolía pura y como tienen que ser estas cosas: simplistas pero efectivas, un sucinto acompañamiento de piano y todo voz, todo emoción. “The Serpent’s Venom” es otro tránsito musical de claras reminiscencias cinematográficas, como casi todo este trabajo. Y ahí radica el gran poder de CÉCILE DELPOÏO: toda su obra es enormemente evocadora, disparando nuestra imaginación a una época idílica e inexistente, al mundo de Tuolla y sus historias, o, en este caso concreto, la historia de Aodrëna. “Stars” es otra magnífica prueba de ello: una, en apariencia, sencilla e indolente línea de piano, acompañamiento de sintes, atmosfera y emoción, una historia sin palabras que se llevan contando de padres a hijos, de madres a hijas desde que el mundo es mundo, cuando no había ciencia sino magia. Y colorín, colorado, llegamos a “Flying” ¿Queréis que CÉCILE DELPOÏO os cuente el cuento otra vez?
Lo que sí voy a aprovechar es para agradecer a MANOWAR por su actitud de “Trve Metal”, zahones de cuero y nalgas al aire. Gracias a ellos y a su posicionamiento cazurro e inmovilista, me dieron la libertad para no ser como ellos y ser un radical, de irme a las raíces de todo lo que escucho y transitar por sendas alternativas. Y en ese camino, pues nos hemos encontrado en el mágico reino de Tuolla de la mano de CÉCILE DELPOÏO. Y recordad el briconsejo de hoy: ¡No seáis como los MANOWAR!
Puntuación
Nota - 9
9
Nota
Y una cierta influencia de la compositora irlandesa sí encuentro en el trabajo de CÉCILE DELPOÏO. Se podrían buscar los grados de semejanza, el influjo que une a las dos artistas, pero hemos venido a escuchar “Tuolla”. “Aodrëna”, el primer tema que abre el disco, es el nombre de la protagonista de la historia que nos cuenta Cécile. Y aquí empieza el viaje y la influencia de ENYA: multiples capas de voz, melodías con clara inspiración folk, un montón de instrumentos “no metal”…