Crónicas Live

DERIVA (ESP)

Sala Rockville, 16.06.2021 - Madrid

TEXTO: Scheitan | FOTOS: Rubén G. Herrera

Mucho se ha hablado de la nueva forma de disfrutar de los conciertos después del apocalipsis. Una modalidad criticada, discutible o poco apetecible a la que me sumaba cual borrego, reacio a verme sentado ante propuestas sónicas contundentes, e impotente ante las ganas de liberar adrenalina a modo de cante y baile. Lo reconozco, como redactor valgo poco, ya que siempre he preferido pagar mi entrada y vivir el concierto a aceptar un pase de prensa y contener toda esa energía y emociones que me hace sentir el metal. Tras casi año y medio, desde aquel concierto de Abbath, hubo varias ofertas interesantes desde entonces, todas incompatibles con mi incontinencia, pero esta vez era diferente, una ocasión ideal ya que Deriva ofrecía la propuesta perfecta…

Tras casi año y medio también, el cuarteto madrileño se subía a las tablas y cuando todo apuntaba a presenciar un ensayo con público, en un entorno familiar, se vino la hostia esa que te comes tras un buen amago. Las primeras notas de «Lluvia Templada» (si, la de Rocky, jeje) provocaron un microseismo sensorial ante el buen sonido que se venía, con lo complicado que es sonorizar una sala como la Rockville, donde se hace arte dar con la clave de qué y cuánto microfonar cada instrumento para conseguir una mezcla decente. La otra de las incógnitas con las que acudí al evento también se despejó en el tema apertura. La pegada de Rory, el nuevo batería, espectacular, y Javi, el nuevo bajista, a pesar de cierto agarrotamiento escénico supuraba profesionalidad y técnica. La ovación fue más allá del gesto en sí, la retroalimentación, la simbiosis entre patio de butacas y escenario podía tocarse. «Delta Waves», el tema franquicia de Deriva, mi debilidad, esa oda integradora de metal progresivo sonó clavadita para acto seguido seguir con «Substantia Nigra» o lo que es lo mismo, la prueba de fuego a mi incontinencia. Descarté este tema en mi quiniela antes del concierto pensando que la banda no la vería oportuna para este tipo de formato, sentado, pero a pesar del mal rato manteniendo el culo pegado al asiento, el tema era necesario para la banda. Fue una liberación, una demostración de contundencia y sincronía, los gritos de Muñi a capela entre compases eran pura rabia contenida tras tantos meses de silencio, innecesarios en su apuesta instrumental por defecto pero de efecto demoledor en nuestra piel en ese preciso momento. Minchy, en plan guía espiritual, sonriente en todo momento, se echaba la sala a cuestas en «Cerezos sin Flor», donde la nueva base rítmica de nuevo demostró ser un acierto (paradójico lo de esta nota con el cogote de Yago, ex-bajista, delante de mí). Siguieron con «Las Brumas del Ayer», único tema de su reciente «Haiku II» que acabó de confirmar lo perfecto de la propuesta moldeada al formato actual de conciertos, recordándome a esas decenas de festivales de jazz/fusión, transformado el evento en un producto gourmet. Cerraron con «Despierta del Letargo» para completar su primer Haiku y disipar la duda de que el evento se tratase de la presentación del segundo. Broche de oro y demostración final de un estado de forma descomunal. Ellos, preparados para cotas más altas, yo, un privilegiado de haber sido uno de los cincuenta además de sentirme inmunizado, con la vacuna Deriva.

PD: Me van a perdonar los chicos de Bloom, me consta que fueron buenos anfitriones y dieron todo en el escenario, con un punto de sobreexcitación, pero mostrando un potencial enorme. Me van a perdonar porque tenía pendiente algún reencuentro, alguna conversación y algunos saludos. Tal y como he dicho, como redactor valgo poco.

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