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Puntuación alta - recomendado

TRIPTOY (ESP) «Túneles»

Autoeditado, 2021 

AUTOR: Cesar Luis Morales

Hoy, niños y niñas, vamos a hablar de cómo joder la música. Y eso, sin duda alguna, se hace desde los despachos de los jefazos de las grandes multinacionales. Porque cuando un nuevo género aparece, pasa muy poco tiempo hasta que se masifica y se destruye su esencia. Porque a veces pienso que el Rock (como concepto genérico) es un tipo de música realmente vago y, periódicamente, necesita que alguien le dé una saludable patada en el culo y lo empuje hacia nuevas directrices. Generalmente, los nuevos géneros o esas saludables patadas en el culo del Abuelo Rock lo hacen a través de sellos pequeños, independientes. Pero, en cuestión de meses (y la ratio cada vez disminuye más), ya tienes el mercado masificado por bandas similares. ¡Colorea y aprende del negocio de la música con Teo!

Porque si echamos la vista atrás y seguro que te ha pasado (salvo contadas excepciones) cada vez que has descubierto una nueva banda, a los pocos meses ya tenías el mercado saturado con productos (que no bandas) de calidad bastante inferior, por no decir ínfima. SUBPOP, el sello independiente de Pavitt y Poneman, era la casa madre de NIRVANA o SOUNDGARDEN. El Grunge fue aquella saludable patada, una vez más, al anquilosado culo del Abuelo Rock. ¿Qué pasó en cosa de un año? ¡Que llegaste a aborrecer todas aquellas bandas, camisetas, festivales y radios que bombardeaban de continuo! Porque ahí los que dirigen el cotarro, lo hacen desde un despacho, llevan traje y corbata, y sólo ven montañas de dinero. De la emoción creativa, de la pulsión del músico por crear algo hermoso, personal y comunicar, no saben nada. Y desde su desconocimiento, porque no saben distinguir entre el Rock y el Pop, entre la Rumba o el Rap, nacen etiquetas tan infames como Alternative Rock. ¡Esto es lo que les gusta a los jóvenes! Proclaman desde sus despachos e intentan convencerte. Y te saturan tanto que acabas aborreciendo el Grunge, el Alt Rock, el K-pop o cualquier otra variedad musical.

Pero la pulsión del músico sigue ahí. Pero, por desgracia, el negocio de la música también sigue ahí. Y cuando no saben cómo clasificar a una banda, le ponen los sellos de Alt Rock, o Avant Garde o Fusion o cualquier otra paja mental pergeñada en un despacho. De hecho, uno de los estilos más denostados en las últimas décadas ha sido, precisamente, el de Alt Rock. A pesar de ello y de ellos (los de los despachos), un servidor que os escribe sigue manteniendo la mente (y las orejas) bien abierta. Y nos encontramos con trabajos como este “Túneles” de los valencianos TRIPTOY.

No nos dejemos engañar por la premisa de Alt Rock, porque este trabajo es de una altura considerable. ¿Qué es “Masaya”? Pues una pista de sonido ambiente que abre el álbum: cantos de pájaros, unos pasos y se abre el primer túnel, titulado “Nueve círculos”. Lisérgicas líneas de teclados, una voz cálida y una banda que empieza a desgranar el viaje. La música sólo se puede definir como poliédrica. Aristas, vértices, capas y más capas. Un viaje astral, una guitarra que pasa de lo etéreo a lo sucio, al Fuzz, una base rítmica serpenteante, un yo-que-sé-que-qué-sé-yo… Y para ti, tonto proletario que votas la mano que te estrangula, toma un “Viva España” y cómete una bandera rojigualda, no votes a la subida del SMI, ¡eso no, que es de comunistas! Nuevamente me vuelan la cabeza todos, pero especialmente Felipe Madrid al bajo y Charly Jiménez a la batería. Porque aquí es cuando descubres ciertas cosas. Un tío detrás de las tímbalas que busca sacarle todos los matices y colores a un instrumento que, teóricamente, sirve para llevar el tempo de la canción. Ni por asomo, ghost notes, un Hi-Hat que tiene veinte sonoridades distintas. Y un bajista que no se limita a doblar las notas de la caja y del bombo. Todo lo contrario, uno y otro llevan su línea melódica y dejan el espacio suficiente, para que en su silencio, brille la contraparte. Esto es, en efecto, TRIPOTOY, un juguete para viajar, un artefacto para explorar los túneles. “Segovia 76” es otro ejemplo de ello, una instrumental con una ondulante línea de bajo, redondeada por las excelsas y crimsonianas teclas de Aless Clemente.

“En la tierra de fuego” serpentea de nuevo en ese territorio entre lo íntimo, lo reflexivo, una introspección con el Charles a contratiempo, con una guitarra versátil, con un bajo cantarín, con unos teclados ampulosos y cálidos; y sí, tal como cantan, “y el sol nos encontrarán muertos de esperanza”. “Nereus” es otra invitación a viajar “en este barco sin timón”. Y si John Lord nos dejó en el 2012 y Ray Manzarek al año siguiente, no te preocupes, que ya tenemos las intervenciones de Aless Clemente para llevar este tema a buen puerto. Joer, es que me salen solas las referencias a viajes, pero es que a veces pasa: la música, el nombre, la intención/visión musical, las emociones, el flujo compositivo… todo va alineado, engranado a la perfección. Y ahora, dejad que la banda os arrulle con “Psicostasis”. Esto es como el título del disco más celebérrimo de los SMASHING PUMPKINS: “… And the infinite sadness”, pero llevado a la hipérbole. Es increíble toda la melancolía que se puede desprender con unas pocas frases, con unas sucintas líneas de piano, como pinceladas bocetadas en un lienzo. Ahí está la grandeza de los músicos de verdad, cuando con lo mínimo, hacen más. Y continúan con otra maravilla con el mistérico título de “11 11 10”. ¿Es sistema binario? ¿Es una fecha? Es TRIPTOY en estado puro: psicodélicos, cósmicos, progresivos, lisérgicos, alternativos… Mira que me cuesta decir la última palabrita. Sí, lo reconozco, llegué a aborrecer la jodida etiqueta, pero es que los cabrones de traje y corbata, desde sus despachos, coparon el mercado con subproductos de baja calidad cuando el género, como tantos otros, tenía tanto que ofrecer. Y si llegamos a un tema que tiene como título “Sinestesia” ¿qué te puedes esperar? Pues imaginaos música tridimensional, poliédrica, delicada, como un copo de nieve, único pero fractal. “Doce años tarde” nos despide del trabajo, introspectiva, frágil, y que poquito hace falta para decir tantas cosas. Y es que esas escalas al piano del final…

Sí, niños y niñas, yo también fui tonto y me deje engañar por el negocio de la música. Yo también aborrecí el Grunge cuando cada sello discográfico tenía su propia banda. También aborrecí el Alt Rock por el mismo motivo. El paso de los años parece que me ha dado algo de seso (poco, tampoco nos flipemos) y he abandonado muchos prejuicios. Por eso, hacedme caso y escuchad este disco como lo he escuchado yo: libre de prejuicios e ideas implantadas por otros. Estos túneles son como la pastilla roja que le ofrecía Morfeo al Señor Anderson: dejad que TRIPTOY os muestren cuan profundas son las galerías de la madriguera del conejo blanco y llegareis al País de las Maravillas.

Puntuación

Nota - 10

10

Nota

Por eso, hacedme caso y escuchad este disco como lo he escuchado yo: libre de prejuicios e ideas implantadas por otros. Estos túneles son como la pastilla roja que le ofrecía Morfeo al Señor Anderson: dejad que TRIPTOY os muestren cuan profundas son las galerías de la madriguera del conejo blanco y llegareis al País de las Maravillas.

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