
La traducción del latín del nombre de esta banda portuguesa vendría a ser algo así como «el que trae las plagas», un nombre oscuro, enfermizo y blasfemo para una banda que trata de transmitir esas mismas sensaciones insanas con su death metal ultravitaminado, lleno de intensidad y mala uva en cada acorde que nos lanzan a la cara. Ravaging Fury es precisamente eso: una furia enrabietada y desquiciante que va directa a nuestro cerebro para arrasarlo junto con todo lo que encuentre a su paso. Es el segundo larga duración de este cuarteto, que ya en 2017 nos ofreció su debut en una línea muy similar, pero que con este nuevo álbum apunta claramente a volver a situar su nombre entre las bandas destacadas del estilo, y no solo dentro de su país de origen.
Once son los temas que aquí se han registrado y, desde los primeros segundos, queda claro lo que nos vamos a encontrar: guitarras veloces, blast beats constantes, voces enfermizas, oscuras y agresivas. Y, si bien en una primera escucha todo puede parecer «lo mismo», con cada nueva vuelta se aprecia cómo la banda se las ha apañado para crear riffs con ciertas melodías retorcidas que los diferencian entre sí. Comenzamos con el brutal «Blasphemy Codex», un no parar de intensidad y velocidad, tema súper cañero y demoledor, con una buena sección de solos que hará que nuestros dedos se muevan alocados a toda velocidad. «Blood Birds of Prey» baja un poco el tempo, pero no la intensidad; incluso se percibe una ligerísima influencia thrash en algún riff, aunque sigue siendo una nueva masacre sin respiro.
«Incumbent Blasphemies» es otro chute de adrenalina, lleno de maldad, riffs enrevesados, voces viciosas y malsanas, y mucha mala leche. «Execration Diatribes» no reduce ni la intensidad ni la violencia sonora: mala hostia de principio a fin. «Christless Dawn» funciona como un breve interludio que rebaja la brutalidad general del álbum, con una melodía lenta, épica y de tintes arabescos, misteriosa y repetitiva, que sirve de introducción a la segunda parte del trabajo, iniciada por «A Lore of Iniquity», donde la banda recupera sin miramientos su insaciable sed de violencia, intensidad y velocidad. «At the Hall of Omnipotents» es otro cañonazo directo al rostro, con riffs asesinos, velocidad y mucha rabia y furia hecha música. Sin tiempo para recuperarnos, «Sedition and Glorious Arsonry» vuelve a descomponer al oyente a base de intensos blast beats y guitarras a toda pastilla. «Vengeance Upon the Plague MMXXIII» sigue la misma línea que todo lo escuchado hasta el momento; aunque presenta algún riff algo más «lento», no es más que el preámbulo de algo todavía más brutal e intenso. El álbum se cierra con una última pista ambiental, una oscura y siniestra misa que parece surgida de una congregación maligna de almas corrompidas.
Buen álbum el que nos han entregado PESTIFER: una banda de death metal sin aditivos y sin concesiones a otros estilos. Esto es pura intensidad, maldad, violencia y furia hecha música; no abundan las grabaciones que desprendan tal nivel de rabia. Sí es cierto que, llegado un punto, puede pecar de sonar algo repetitivo y se agradecería una mayor dosis de variación para no estar todo el tiempo en «modo devastación», pero en general, si te gusta el death metal, vas a gozar este trabajo, porque pocas bandas dejan tan clara su actitud a lo largo de todo un álbum como lo hacen estos músicos.
Valoración
Puntuación - 8
8
Nota
“Ravaging Fury” es death metal sin filtros: velocidad, blast beats constantes, riffs retorcidos y una rabia enfermiza que no da respiro. PESTIFER firman once ataques de pura violencia sonora, con breves respiros atmosféricos antes de volver a la devastación total. Brutal, malvado y directo al cráneo; quizá algo repetitivo, pero pocas bandas transmiten tanta furia en todo un álbum.







